Las series de siempre viven en nuestro recuerdo y algunas saltan de él a la televisión
Los dibujos animados que marcaron muchas infancias
La carta a los Reyes Magos, ésa es la prueba más evidente de los cambios generacionales. Un pequeño papel escrito por el trazo tembloroso de una pequeña, y concentrada, mano es la representación viva de las diferencias entre abuelos, padres e hijos. Mariquita Pérez fue destronada sin piedad por una tal Nancy, y a ésta una rubia imponente llamada Barbie le dio la patada. Pero apareció Bratz para desbancar a la reina, con permiso de Ken, de los juegos infantiles. La lista es interminable: maquinitas, muñecos, juegos de mesa... hasta que la era tecnológica irrumpió en la infancia de las nuevas generaciones. Ahora, seis años son suficientes para desear un iPad y doce muchos sin haber tenido ya PlayStation, Wii, ordenador portátil y más artilugios propios de edades más maduras. Y en medio de esta vorágine de actualizaciones constantes de necesidades electrónicas, las series de dibujos animados compiten entre sí por ofrecer las historias más modernas, las calidades más novedosas y los personajes más irreverentes. Aunque, a pesar de todo, aún quedan resquicios del pasado que se cuelan cada tarde en los hogares para acompañar el bocadillo de los más pequeños. Imágenes que nos provocan una nostalgia inevitable y que nos hacen recordar tiempos pasados en los que quizás la variedad y la calidad no eran la característica principal, pero en los que durante las meriendas se respiraban aires de autenticidad.
Clásicos de la animación
Algunos se siguen reponiendo en la actualidad y otros pertenecen ya a los recuerdos más tiernos de nuestra infancia. Te ayudamos a hacer memoria con las series infantiles que marcaron una época... seguro que aún sabes tatarear muchas de sus pegadizas sintonías.
-Calimero (1963). El inconfundible 'patito feo' nunca se desprendió de su caparazón ni dejó de creer que la fe y la bondad acaban triunfando el cualquier situación. Ingenuidad en estado puro que se mantuvo hasta los 90, aunque hoy la seguimos recordando.
-La hormiga atómica (1965). Una radiación atómica le dio un poder sobrenatural extraordinario, dos finas patas y dos brazos musculosos que tenía locos a los niños. Nunca más volvimos a saber de ella, pero nadie podrá olvidar su casco blanco sobre el rojizo de su piel.
-Doraemon (1969). Parece increíble que durante, al menos, tres generaciones, unos dibujos animados puedan gustar. Un gato japonés con superpoderes y su dueño lo han logrado. Hoy continúa su emisión en los canales temáticos infantiles.
-Heidi (1974). Esta niña, de origen japonés, no se va de la televisión. Sigue en los Alpes con su abuelo y su amigo Pedro, cuida con él de las ovejas y parece que seguirá haciéndolo indefinidamente.
-Viki el Vikingo (1974). Cómo olvidarnos del característico picor de nariz de Viki, un vikingo de origen germano al que le bastaban 23 minutos de televisión para que sintiéramos verdadera adoración por él. Aunque de forma esporádica, seguimos viéndole en la pequeña pantalla.
-La abeja Maya (1975). Aventurera, inquieta y curiosa. Así era Maya que, junto a su amigo Willi (el zángano), vivía miles de episodios rodeada de bichos y naturaleza.
-Los osos amorosos (1983). Cada uno con su pastelosa virtud, son el ejemplo evidente de que la inocencia cursi de las series de ayer no se pueden comparar con el crudo realismo de las actuales. Sus peripecias fueron, incluso, llevadas al cine.
-Fraggle Rock (1983). No son animados sino muñecos de trapo, pero quién no se acuerda de aquello de "vamos a jugar, tus problemas déjalos para disfrutar... ven a Fraggle Rock". Y ese era precisamente su principal objetivo, disfrutar de la vida bajo tierra, en las grutas en que construyeron su hogar.
-El inspector Gadget (1983). Fue un adelantado a su tiempo que nos enseñó desde pequeños qué es eso de los 'gadgets'. Su despistado carácter nos ganó a todos hasta los 90.
-Juana y Sergio (1984)... son ahora los enamorados. Así continuaba la canción de una serie japonesa que tenía enganchados a miles de fieles con el voleibol y el amor como eje de toda la historia.
-Mi pequeño Pony (1986). El adorable caballito rosa con pelo del mismo color y cepillo a juego tomó movimiento para deleite de las niñas de la época. Aunque no tuvo tanto éxito como otras series, ser recordará siempre por mostrarnos cómo hablaba ese Pony que tanto nos gustaba y sigue gustando hoy en día.
-La Aldea del Arce (1986). Adorable. Sólo esta palabra puede definir la vida seriada de una comunidad de tiernos conejitos en su 'aldea genial'. El doblaje, puede que demasiado infantil, incrementaba su estilo ñoño pero entrañable a un tiempo.
-Bola de Dragón (1986). Cómo olvidar a Goku y las aventuras que vivió con los personajes de nombres imposibles pero que sabíamos de memoria. Aún hoy podemos revivirla gracias a las reposiciones de una de las más importantes series manga de la historia.
-Los trotamúsicos (1989). Televisión Española decidió apostar por una historia protagonizada por un perro, un gallo, un burro y un gato. Cada uno especializado en un instrumento, estuvieron una década formando el grupo musical de moda.
-Las tortugas Ninja (1989). Traspasaron las hojas de los cómics y viajaron hasta la televisión para impedir que el malvado Shredder hiciera de las suyas. Gracias a sus nombres conocimos a una tierna edad los cuatro imprescindibles del renacimiento italiano: Donatello, Raphael, Leonardo y Michelangelo.
Algunos se siguen reponiendo en la actualidad y otros pertenecen ya a los recuerdos más tiernos de nuestra infancia. Te ayudamos a hacer memoria con las series infantiles que marcaron una época... seguro que aún sabes tatarear muchas de sus pegadizas sintonías.
-Calimero (1963). El inconfundible 'patito feo' nunca se desprendió de su caparazón ni dejó de creer que la fe y la bondad acaban triunfando el cualquier situación. Ingenuidad en estado puro que se mantuvo hasta los 90, aunque hoy la seguimos recordando.
-La hormiga atómica (1965). Una radiación atómica le dio un poder sobrenatural extraordinario, dos finas patas y dos brazos musculosos que tenía locos a los niños. Nunca más volvimos a saber de ella, pero nadie podrá olvidar su casco blanco sobre el rojizo de su piel.
-Doraemon (1969). Parece increíble que durante, al menos, tres generaciones, unos dibujos animados puedan gustar. Un gato japonés con superpoderes y su dueño lo han logrado. Hoy continúa su emisión en los canales temáticos infantiles.
-Heidi (1974). Esta niña, de origen japonés, no se va de la televisión. Sigue en los Alpes con su abuelo y su amigo Pedro, cuida con él de las ovejas y parece que seguirá haciéndolo indefinidamente.
-Viki el Vikingo (1974). Cómo olvidarnos del característico picor de nariz de Viki, un vikingo de origen germano al que le bastaban 23 minutos de televisión para que sintiéramos verdadera adoración por él. Aunque de forma esporádica, seguimos viéndole en la pequeña pantalla.
-La abeja Maya (1975). Aventurera, inquieta y curiosa. Así era Maya que, junto a su amigo Willi (el zángano), vivía miles de episodios rodeada de bichos y naturaleza.
-Los osos amorosos (1983). Cada uno con su pastelosa virtud, son el ejemplo evidente de que la inocencia cursi de las series de ayer no se pueden comparar con el crudo realismo de las actuales. Sus peripecias fueron, incluso, llevadas al cine.
-Fraggle Rock (1983). No son animados sino muñecos de trapo, pero quién no se acuerda de aquello de "vamos a jugar, tus problemas déjalos para disfrutar... ven a Fraggle Rock". Y ese era precisamente su principal objetivo, disfrutar de la vida bajo tierra, en las grutas en que construyeron su hogar.
-El inspector Gadget (1983). Fue un adelantado a su tiempo que nos enseñó desde pequeños qué es eso de los 'gadgets'. Su despistado carácter nos ganó a todos hasta los 90.
-Juana y Sergio (1984)... son ahora los enamorados. Así continuaba la canción de una serie japonesa que tenía enganchados a miles de fieles con el voleibol y el amor como eje de toda la historia.
-Mi pequeño Pony (1986). El adorable caballito rosa con pelo del mismo color y cepillo a juego tomó movimiento para deleite de las niñas de la época. Aunque no tuvo tanto éxito como otras series, ser recordará siempre por mostrarnos cómo hablaba ese Pony que tanto nos gustaba y sigue gustando hoy en día.
-La Aldea del Arce (1986). Adorable. Sólo esta palabra puede definir la vida seriada de una comunidad de tiernos conejitos en su 'aldea genial'. El doblaje, puede que demasiado infantil, incrementaba su estilo ñoño pero entrañable a un tiempo.
-Bola de Dragón (1986). Cómo olvidar a Goku y las aventuras que vivió con los personajes de nombres imposibles pero que sabíamos de memoria. Aún hoy podemos revivirla gracias a las reposiciones de una de las más importantes series manga de la historia.
-Los trotamúsicos (1989). Televisión Española decidió apostar por una historia protagonizada por un perro, un gallo, un burro y un gato. Cada uno especializado en un instrumento, estuvieron una década formando el grupo musical de moda.
-Las tortugas Ninja (1989). Traspasaron las hojas de los cómics y viajaron hasta la televisión para impedir que el malvado Shredder hiciera de las suyas. Gracias a sus nombres conocimos a una tierna edad los cuatro imprescindibles del renacimiento italiano: Donatello, Raphael, Leonardo y Michelangelo.

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